La ansiedad, como emoción, es uno de los principales motivos por los que comemos de más. Usar la comida como calmante frente a la ansiedad, angustia o depresión, puede llevar a que se genere una adicción de la que resulta difícil salir. Esto no solo repercute a nivel emocional, sino también puede llevar a un rápido aumento de peso e incluso a problemas que repercuten sobre la salud.
Distintos
estudios demuestran que cuando las personas reconocen la causa de su ansiedad,
no necesitan comer, mientras que aquellos que encuentran una causa infundada o
difusa, se apoyan en la comida como manera de llenar ese vacío emocional que
sienten.
Una de las claves fundamentales del mindfulness
(práctica de la atención) para lograr reconocer qué es lo que nos genera
ansiedad es detenernos, tomarnos 3
minutos:
En el
primer minuto debemos detenernos y tomar consciencia respecto a nuestros
pensamientos y emociones. Es fundamental no identificarse con ninguna de las
emociones que nos invaden, sino más bien reconocerlas como estados
transitorios.
En el
segundo minuto ponemos toda nuestra atención en la respiración, de modo de
conectar con ella, logrando así desactivar el impulso de la emoción.
Por último,
en el minuto 3 volvemos a expandir nuestro campo de conciencia, para poder así
actuar de la manera en que decidimos hacerlo. Aquí se pone en juego nuestra
voluntad.
Esta es
una práctica de autocuidado, y si bien no es nada sencillo poder dejar de comer
por ansiedad, es una buena forma de empezar a detenernos frente a las emociones
y desarticular el piloto automático, el hábito que adquirimos de siempre
resolver las formas de la misma manera, haciéndonos cargo de nuestras elecciones. Entre las opciones de cambio,
podemos pensar en comer menos de lo que comeríamos, elegir hacer otras
actividades o bien reconocer cuando ya estamos llenos y poder detenernos.
